El influyente liderazgo político tradicional del país siempre tuvo una visión certera sobre la importancia estratégica de Santiago.
Hoy día, con limitadas excepciones, ocurre absolutamente todo lo contrario.
La nueva dirigencia que aspira a dirigir los destinos de la República Dominicana vive de espalda a esta plaza política.
Joaquín Balaguer dio un trato especial a Santiago, tenía una modesta casa en el centro histórico y era asiduo en residencias como la del fenecido ingeniero Aney Muñoz.
Con una gran frecuencia, Balaguer despachaba asuntos políticos y de Estado desde la Ciudad Corazón y desde aquí se desplazaba a otras provincias del Cibao.
Juan Bosch pasaba días en Santiago y sus casas preferidas para dormir era las de Julián Serulle, el fenecido Marcelo Bermández, José Francisco Hernández, entre otros.
José Francisco Peña Gómez se instalaba durante días en el hotel Matum y desde ahí salía a contactos y actividades políticas por diferentes pueblos.
Desde su habitación, realizaba con frecuencia sus intervenciones por teléfono en el histórico programa Tribuna Democrática.
Hipólito Mejía utilizaba también el hotel Matum y varias residencias de amigos, especialmente la del fenecido Leocadio Peña.
Leonel Fernández, que ahora hasta casa tiene en Santiago, se instalaba en el hotel Gran Almirante y en las residencias de don Marcelo Bermúdez, Sabino Báez, Mícalo Bermúdez, entre otros.
Luís Abinader instaló una Casa Presidencial y es el líder político y presidente de la República de mayor presencia en esta plaza política.
Ahora observo que es totalmente diferente y, extrañamente, hay figuras presidenciables de relevancia que ni miran para Santiago.
A la hora de la verdad, esa ausencia e indiferencia puede costar bien caro en las urnas.










