En el ocaso del mes de febrero pasado, las fuerzas aéreas de los Estados Unidos e Israel iniciaron la operación Furia Épica que inicio con enormes bombardeos a infraestructuras militares claves de Irán, incluyendo el bunker donde se encontraba una parte importante del liderazgo militar y religioso, ocasionando la muerte del Ayatola Ali Khamenei, quien había liderado a Irán por más de tres décadas.
Irán respondió atacando las bases militares de Estados Unidos en la región, destruyendo algunas infraestructuras energéticas criticas (refinerías, yacimientos de gas y terminales petroleras) en países aliados como: Arabia Saudita, Catar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Barein; cerrando, además, el Estrecho de Ormuz, un pasaje de importancia fundamental para el transporte de petróleo y fertilizantes provenientes de la región.
El cierre de este importante pasaje acuático ha creado un enorme trastorno en el transporte y en las cadenas de suministros globales ya que por el mismo fluyen el 20% del petróleo global y alrededor del 33% de los fertilizantes, especialmente urea y amonio. Tan temprano como la primera semana del conflicto, el volumen de barcos atravesando el Estrecho se había reducido en un 90%.
La interrupción en el transporte de estos insumos básicos para la producción agropecuaria global, unido a la decisión de Rusia, el 24 de marzo, de prohibir las exportaciones de nitrato de amonio, han originado un incremento súbito en los precios de los combustibles, especialmente el diésel, y de los fertilizantes, lo que acrecentara los costos de producción de los agricultores y generara una expansión de la inflación en los precios de bienes agroalimentarios.
De hecho, los precios del barril de petróleo Brent y el WTI, luego de un corto periodo de volatilidad, han alcanzado los niveles de US$112.57 y US$99.64 respectivamente. Sin embargo, analistas de Goldman Sachs estiman que estos niveles de precios podrían mantenerse si el conflicto no se extendiera más allá de 10 semanas o de cuanto daño se le pueda ocasionar a la infraestructura energética regional. Y esto es totalmente impredecible.
A la fecha de hoy (29/3/26) en los Estados Unidos, el precio del galón de diésel sobrepaso los US$5.07 mientras que el precio del Amonio alcanzo US$931/ton para un aumento de 8%; el precio del MAP (11-52-0) y el DAP (18-46-0) se mantuvieron estables alrededor de US$886 y US$851 por tonelada pero 11% más caros que el anho pasado; la Urea (46-0-0) alcanzo 677/ton para un incremento de 11%; el UAN28 subió a US$473/ton para un incremento de 15% y el potasio cerro a unos US$488/ton, ligeramente más alto.
Este conflicto acarrea un reto nuevo al menú de dificultades que estaba enfrentando el aparato productivo agropecuario de Estados Unidos, que ya venía enfrentando la pérdida del mercado agropecuario chino debido a los aranceles impuestos por el Ejecutivo; los ataques migratorios sobre la fuerza laboral agraria y la perdida de licencias de conducir de unos 200 mil choferes de camiones, encareciendo el transporte de las cargas de bienes agroalimentarios desde las zonas de producción.
Siendo Estados Unidos un exportador neto de bienes agroalimentarios, una caída en la producción agropecuaria del país impactara negativamente sobre el precio de las importaciones de alimentos que realizan países como Republica Dominicana.
Si el conflicto se prolongase, los precios de bienes como el maíz y la soya se incrementaran haciendo nuestras importaciones mas costosas, incrementando el precio de la carne de pollo, de los huevos y de la carne de cerdo, tanto la que aun producimos como el 75% que importamos.
El precio del combustible de avión se ha colocado entre los US$150-US$200 el barril, traduciéndose en pérdidas de US$600 millones diarios para la industria aérea global y una reducción en la venta de pasajes aéreos de entre 11 y 27%. Esto podría mermar la llegada de turistas a nuestro país, afectando la demanda interna de bienes agroalimentarios.
Los precios del diesel y de los fertilizantes así como el del transporte representaran costos elevados y crecientes para nuestros agricultores quienes, enfrentados a una baja oferta de financiamiento, optarían por reducir sus áreas de siembra o de reducir la cantidad y el volumen de los insumos necesarios para obtener una adecuada productividad.
Para enfrentar con éxito esta crisis externa, se hace necesario que las autoridades agropecuarias del gobierno diseñen y ejecuten un Plan Nacional para el relanzamiento del sector que tienda a dar solución a algunos de los problemas estructurales que lo aquejan y a establecer medidas de corto plazo para prevenir y enfrentar las calamidades que ocasionaría este conflicto militar.
Además de establecer un sistema de subsidio para la compra y uso de fertilizantes (lo cual es una buena idea pero no suficiente) debemos coordinar con los productores pecuarios para ayudarles a diversificar sus importaciones de maíz y soya; se debe crear una eliminación temporal al impuesto del diésel utilizado en la agricultura; reestructurar la Sanidad Agropecuaria a los fines de volver a alcanzar los niveles de control necesarios para producir y exportar desde los invernaderos; capitalizar el Banco Agrícola para que pueda otorgar los créditos necesarios para establecer los cultivos que nos permitan superar la crisis; crear mecanismos de comercialización y mercadeo que aseguren la rentabilidad de los productores, incluyendo el establecimiento de precios-pisos de ser necesario; promover la agricultura familiar orgánica mediante un robusto programa de roturación y distribución de semillas de cultivos de ciclo corto como las hortalizas y verduras. Esto fortalecería la seguridad alimentaria de nuestros conciudadanos mas vulnerables.
Esta crisis nos ha encontrado frente a un sector agropecuario alicaído, relegado, desatendido y subestimado por las autoridades. Es tiempo de otorgarle la PRIORIDAD POLITICA que merece y necesita para levantarse y ayudarnos a enfrentar la crisis agroalimentaria que se avecina.








