El asunto importante no es si José Izquierdo y Altagracia González tienen razón o no.
Lo relevante es la actitud que asumieron durante la visita de tres días de Leonel Fernández a Santiago.
Atrincherarse y no asistir a una sola de las más de 15 actividades, es una reacción política inusual, desafiante y muy peligrosa.
En política, los disgustos se manejan con inteligencia emocional y serenidad.
La confianza de Leonel en el profesor Izquierdo es (¿o era?) muy especial, pues visita (¿o visitaba?) su casa con una gran frecuencia.
En la residencia de Izquierdo, el expresidente de la República descansa (¿o descansaba?), se baña (¿o se bañaba?), se cambia de ropa, almueza y cena.
En ese conflicto, el asunto no es Altagracia González. Ella ni siquiera en el PLD tuvo relevancia política.
Aprovechó una coyuntura con un invento denominado «Diputados de la Patria» y por ahí se coló como dirigente importante del partido Fuerza del Pueblo (FP).
El riesgo verdaderamente peligroso lo protagoniza José Izquierdo, que luego de un extraordinario trabajo en la FP y una sólida confianza de su líder Leonel, asume una actitud política infantil.
Un pique lo saca de casillas y comete una sorprendente novatada. Luego de su salida de la presidencia provincial, supuestamente le prometieron ser secretario nacional de Asuntos Magisteriales y eso no se ha concretizado o está a punto de caerse.
Se atrincheró como respuesta desafiante y, luego de ser el hombre siempre al lado de Leonel, en tres días ni siquiera fue a una actividad a saludarlo.
Una sorpresa porque ese no es el Izquierdo que uno conoce.









