El presidente Danilo Medina no ha utilizado el control político con que cuenta para imponer favoritos, amigos o militantes del PLD en las altas cortes y los organismos electorales y ha manejado con equilibrio y prudencia cada elección de jueces.
A pesar de tener una cómoda mayoría en el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), el presidente de la República ha sido cauto, sereno y ecuánime a la hora de escoger a integrantes de la altas cortes y la imposición ha brillado por su ausencia.
Lo que acaba de ocurrir con los cuatro nuevos jueces del Tribunal Constitucional (TC) es una repetición del equilibrio exhibido por el jefe de Estado a la hora de adoptar decisiones de envergadura relacionadas con las altas instancias judiciales del país.
En medio de fuertes presiones mediáticas y especulaciones, el presidente Medina volvió a demostrarle al país que los intereses de la nación están muy por encima de los políticos y personales.
Eran muchos los que tenían dudas de que un juez de la independencia y prendas morales del santiaguero Domingo Gil llegaría a una de las altas cortes. Sin embargo, en el Consejo de la Magistratura presidido por el presidente Medina logró los ocho votos de sus integrantes.
Las pruebas del equilibrio del presidente Medina empezaron con la elección de los cinco miembros de la Junta Central Electoral (JCE), donde escuchó las opiniones más sensatas del país y propició la elección del doctor Julio César Castaños Guzmán como presidente de ese organismo.
Una JCE verdaderamente equilibrada con abogados como Roberto Saladín, Carmen Imbert Brugal, Rosario Graciano y Henry Mejía Oviedo, lo que concitó el apoyo de todos los sectores de la sociedad, incluyendo la oposición política.
Cuando se presentó la oportunidad de sustituir varios jueves de la Suprema Corte de Justicia, el CNM presidido por Medina se inclinó por cuatro reputados magistrados de carrera y por el conocido abogado Moisés Ferrer Landrón. Una decisión ampliamente aplaudida.
Los nuevos jueces de la SCJ escogidos fueron Manuel Ramón Heredia Carbucia como primer sustituto del presidente del organismo, Manuel Alexis Read, Blas Fernández Gómez y Pilar Jiménez Ortíz.
La elección de los nuevos integrantes del Tribunal Superior Electoral (TSE), presidido por el catedrático Ramón Jáquez, e integrado por los abogados Rafaelina Peralta, Ramón Madera Arias, Cristian Perdomo y Santiago Sosa, fue recibida con tranquilidad y satisfacción por la opinión pública.
En el caso de la elección de la Cámara de Cuentas, integrada por Hugo Alvarez Pérez, Pedro Antonio Ortíz, Carlos Noé Tejada, Félix Alvarez y Pablo del Rosario, hubo quejas y críticas porque hay varios de sus integrantes que son políticos reconocidos.
Con la elección de los nuevos cuatro jueces del Tribunal Constitucional (TC), el presidente Medina ha vuelto a salir «por la puerta grande». La elección de Domingo Antonio Gil y Alba Luisa Read, ambos actuales jueces de cortes, y de los abogados Maiguel Valera y José Alejandro Ayuso ha sido un gran acierto.
Sin embargo, hay que admitir que esa ha sido la forma del presidente Danilo Medina cada vez que ha tenido que asumir responsabilidades como presidente del Consejo Nacional de la Magistratura, donde en sentido general no ha usado su control para imponer a los suyos.
El manejo equilibrado del mandatario es lo que ha predominado en la elección de los jueces y eso es una notable contribución al fortalecimiento de la institucionalidad, de las altas cortes y de los organismos electorales del país.








