El conflicto judicial entre el alcalde de Navarrete, Antonio Bueno, y sus compañeros del Partido Revolucionario Moderno (PRM) debería avergonzar a la dirigencia de esa organización y recibir el rechazo absoluto de la opinión pública.
Es una alarmante aberración política que el alcalde de Navarrete se prestara a firmar un acuerdo con la dirigencia de su propio partido, del PRM, para entregarle el 30 por ciento de las obras que construiría y de los empleos en la Alcaldía.
¿Y con qué moral la alta dirigencia del PRM exige transparencia en la administración pública si ellos mismos actúan igual o peor?. Y la interesante es que al alcalde de Navarrete lo tienen como «un hombre bueno y serio».
Es verdaderamente bochornoso que el PRM en Navarrete, encabezada por su presidente Buenaventura de León, tuviera la osadía de ir a los tribunales judiciales a exigirle al alcalde el cumplimiento de un de un acuerdo de esa naturaleza.
Después que la Cámara Civil y Comercial del distrito judicial de Santiago se declaró incompetente para conocer la demanda de los dirigentes del PRM en Navarrete, entonces decidieron acudir al Tribunal Superior Electoral (TSE).
El TSE rechazó las pretensiones de los dirigentes del PRM de que le otorgaran un 30 por ciento de las obras que ejecutara la Alcaldía del 2016 al 2020, así como el 30 por ciento de los empleos.
En un acuerdo de esa naturaleza no se sabe quien actuó peor entre el alcalde Antonio Bueno (firmó cuando era candidato y no ha cumplido) y los dirigentes de su partido en Navarrete, los cuales decidieron ir a los tribunales de justicia ordinaria y electoral.
Lo interesante es ver todos los días en los medios de comunicación a altos dirigentes del PRM exigiendo transparencia en la administración pública. Eso de Navarrete debería darle verguenza a todos.
Se conoce que situaciones similares han ocurrido en otros municipios pero jamás se había conocido a dirigentes políticos ir a los tribunales para que se cumpla con acuerdos de esa naturaleza.
Los dirigentes del PRM en Navarrete debieron tener un poco de pudor a la hora de exhibir sus refajos de esa manera, es decir, acudiendo a los tribunales a exigir el cumpliendo de una verguenza de contrato como el rechazado por el TSE.








