Tradicionalmente ha sido difícil ponerse de acuerdo con grupos populares sin vocación de diálogo.
Como las huelgas son «la razón de su existencia», ni siquiera el cumplimiento de sus demandas los hará variar su método de lucha.
El gobierno tiene en sus nóminas a dirigentes históricos de esas huelgas, encabezados por David Polanco y Víctor Bretón, y todo sigue igual.
El emblemático Frente Amplio de Lucha Popular está dividido, pero han surgido otros grupos tan fuertes como el otrora poderoso FALPO.
Los dirigentes políticos tienen una gran responsabilidad en esas huelgas porque cuando están en la oposición, las incentivan y las apoyan.
Al gobierno del presidente Luís Abinader le han hecho dos paros de labores regionales, las 14 provincias del Cibao, en apenas un año.
Si las huelgas fueron parciales o totales, no tiene relevancia.
Esos grupos tienen un origen político conocido, pero su método de lucha es respaldado por los grandes partidos tradicionales cuando están en la oposición.
Y como lamentablemente el diálogo es inexistente, ya están hablando de una huelga nacional. Inaceptable.









