Las elecciones municipales del año que viene tienen, en el caso de Santiago, una particularidad histórica.
Por primera vez un alcalde local es candidato presidencial de uno de los partidos mayoritarios del país.
De acuerdo a nuestra Constitución, las elecciones municipales se realizan tres meses antes que las presidenciales y congresuales.
Por eso, recientemente escribí sobre el impacto que tendría para Abel Martínez una derrota en la Alcaldía de Santiago.
Abel es el alcalde actual de Santiago y candidato presidencial de un debilitado PLD.
Pensé que él sería el más agresivo propulsor de una alianza municipal opositora para evitar una derrota en la Alcaldía local.
Sin embargo, se erigió como un fiero opositor a que partidos de oposición, especialmente PLD y la Fuerza del Pueblo (FP), arriben a un pacto electoral.
Dividida la oposición, creo que al PLD se le hará extremadamente difícil, simple matemática, retener la Alcaldía de Santiago.
Esa derrota electoral será de Abel y, sin dudas, impactará negativamente su candidatura presidencial.
Incapaz de que su PLD retuviera la plaza política de Santiago siendo él alcalde, dudo que el 24 de abril del 2024 acuda al acto de entrega de su cargo al PRM.
Es aritmética simple: sin la FP el PLD no gana la Alcaldía que dirige Abel.








