Mi deuda con Julio Cesar Valentín Jiminián
En política hay una pregunta pendeja que la hacen los que nunca han ganado nada: ¿Quién traicionó a quién?
Yo no caigo en eso. Después de 43 años en un mismo partido, el PLD, aprendí que la traición en política no existe. Lo que existen son coyunturas. Malos políticos, políticos brutos, buenos políticos y algunos que ni siquiera son políticos, pero creen que sí lo son,
Mi historia con mi hermano Julio César Valentín Jiminián es la prueba de que lo que va, viene.
Yo le llevo dos meses de edad. Pero, en 1987, en el Intermedio Toussaint Louveture de la Joya, él era mi enlace. Yo era un muchacho del circulo de estudio especial ISA-PUCMM, de La Herradura. Él había sido Juez de Paz, Juez de Instrucción, orador tremendo, un intelectual. Yo lo miraba con admiración.
Luego la vida me sacó. Me gradué de Ingeniero Agrónomo en Producción Animal, en el programa ISA – PUCMM, me fui a Estancia del Yaque por trabajo, me “perdí” la división del PLD del 1992 –cuando se fueron Max Puig, Nélida, Bengoa y otros. Y terminé como encargado de la Sub Zona Agropecuaria en Gaspar Hernández. Allá cogí mi carta de Ruta y fundé el PLD en Sabaneta de Yásica, Sosúa, donde aún no existía el partido formalmente.
Volví a Santiago en el 2000, derrotado desde Puerto Plata, a hacer una especialidad en Tecnología de Alimentos en el ISA. Y lo primero que hice fue llamar a mi hermano: “Julio, ¿dónde me meto?” me dijo: “En Bella Vista”. Y caí en Pastor, Bella Vista. A empezar de cero después de 8 años fuera.
Él se sorprendió al verme volver. Hablando duro en la renovación de dirigencias medias, trabajando sin cobrar. Y me dio la confianza más grande: ser su jefe de campaña.
Fui jefe de campaña de Julio Cesar Valentín dos veces. En el 2002, cuando el PRD de Hipólito estaba en el poder y nadie daba un peso por nosotros. Era vota preferencial por primera vez, desigualdad total. ¿Trabajé como un loco? Sí. ¿Me sacrifiqué detrás de muy poco? Sí, porque todos sabíamos que solo era la diputación de Valentín. Pero esa campaña me dio a conocer en todo el Distrito #2 en solo tres meses. Si yo pude ser candidato después –no una, sino dos veces- se lo debo a que, haber trabajado para él me abrió el camino. Lo que va, viene.
Luego vino el 2004, volvió Leonel, y otro gallo cantó. Yo terminé en el Intabaco. Debí ser Vice Ministro de Medio Ambiente, soy Master en Gestión Ambiental, pero pusieron a Max Puig de la APD como Ministro. Yo desistí. No iba a pelear con un sociólogo siendo yo técnico.
Ahí viví lo que viven los míos. Vi cómo a veces la coyuntura te tumba una aspiración al Comité Central para subir a otro compañero, porque Danilo lo pidió. ¿Qué le vamos a hacer? Así es la política.
Y vino la segunda campaña. Valentín bajaba de aspirante a Senador –muy bien posicionado- otra vez a Diputado, porque el candidato a Senador sería Francisco Domínguez Brito. Unos “científicos” de la política, que no ganan ni los votos de su casa para Regidor, le aconsejaron que le dijera que no a Leonel. Yo me opuse tajantemente. Le dije: “Julio, al Presidente no se le dice que no”. Días antes él me había invitado a una cena formal, como para probarme, y me preguntó: “tú estás con Gilberto o conmigo?” le contesté “Contigo pariguayo”. Y era verdad.
Ahí aprendí mi frase: En política es mejor tener suerte que trabajar como un loco. O, mejor dicho: No es verdad que hay que trabajar como un loco, si tienes suerte. Yo trabajé como un loco, pero tuve la suerte de que él me diera la oportunidad.
MI AGRADECIMIENTO Y MI CONSEJO PARA MI HERMANO JULIO CESAR
Julio cesar es un gigante. Tres veces Diputado, Presidente de la Cámara 2006-2010, Senador 2010-2020. Orador, intelectual, estratega. Yo lo quiero, lo aprecio y lo amo a mi manera. Como he amado a sus padres, a sus hermanos, a su familia.
Pero como hermano mayor por dos meses, le dejo este consejo público, con admiración y abrazos:
Hermano, tu gran virtud es tu brillantez. Tu gran peligro es tu vocación de golpear a los más cercanos para probar lealtad. Lo has hecho por décadas. Lo hiciste conmigo cuando me regateaste la candidatura y luego bajaste línea dura en mi segundo periodo por ser un “desobediente”.
No lo hagas más. No necesitas probar a nadie. El que está contigo, está contigo. El que te dice “contigo pariguayo”, es porque lo siente.
Deja que los tuyos crezcan. Un líder no es grande por cuantos enanos mantiene a su alrededor, sino por cuantos gigantes es capaz de formar y no le dan sombra.
Para los que trabajan con él en el futuro: cuídenlo de él mismo. Díganle la verdad, aunque duela. El mejor amigo de Julio Cesar no es el que le dice que si a todo. Es el que le dice: “Julio, ahí te equivocaste”.
Yo no guardo rencor. El rencor es lo peor que un político puede albergar en su corazón. Eso se sale del sentido común y te hace un fracasado.
Yo me quedo con la frase de Martin Lutero, ese grande entre los grandes:
“No podemos evitar que las aves vuelen sobre nuestra cabeza, pero sí podemos evitar que hagan nido en ella”.
Que las aves de la intriga vuelen. Pero que no hagan nido en nuestra cabeza, hermano.
Gracias por enseñarme tanto, quizás sin proponértelo. Gracias por haber sido mi enlace en 1987 y por haberme permitido ser tu jefe de campaña en 2002 y en 2006.
Lo que va, viene. Y lo que viene, si lo hacemos bien, será mejor.










