Con apenas horas de diferencia dos actos, verdaderamente contundentes, demostraron que a los subidos al ring político los guantes les quedan grandes.
En el gobernante PRM, el aspirante a senador por la provincia Santiago, Federico Reynoso, endosó su respaldo al aspirante Ulises Rodríguez para convertirlo en “próximo alcalde de Santiago”. Replica lo que han venido haciendo los principales dirigentes en la plaza. Una respuesta destinada a aplastar a su competidor interno, el tenaz (pero audaz) Rubén Polanco.
En el opositor PLD, un nutrido grupo de dirigentes, leyeron unas listas en las que el aspirante Víctor Fadul, es favorecido por la casi absoluta matrícula de dirigentes de intermedios, “la estructura”, como le decían los ortodoxos, garantizando que será “próximo alcalde de Santiago”. Pero tanto en el PRM como en el PLD, van a elegir sus candidatos por encuestas… si en verdad la hacen, si de verdad la aplican a la población santiaguera, poco importa mantener cuadros y dirigentes, porque el efecto sorpresa de un empadronador, con un cuestionario no manipulado, puede arrojar cualquier “verdad”.
¿Es políticamente viable mostrar a la población que uno aplasta al otro? No.
¿Es prudente y razonable mostrar músculos cuando el pleito es interno? No.
¿A la ciudad de Santiago le importa cómo están a lo interno los aspirantes? No.
¿Militantes y dirigentes son prendas a exhibir en este tramo? No.
¿Quién gana sembrando el germen del malestar? Nadie, ni los candidatos, ni los partidos.
Para pelear hay que saber tanto del pleito como del contendor, esto para ganar (aun perdiendo).
O no saben pelear o la estrategia está de vacaciones.








