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El pasado 4 de mayo del presente año la prensa nacional e internacional reseño lo siguiente:
“Una comerciante haitiana se encuentra bajo custodia de las autoridades luego de envenenar a 40 integrantes de una banda criminal que operaba en la comuna de Kenscoff, en Haití”.
“Según reportes de medios locales, la mujer habría contaminado empanadas, conocidas en la zona como patés, con aceite de oruga, un pesticida agrícola de uso común en labores del campo. Las víctimas, señaladas como miembros de un grupo que venía sembrando el terror en la comunidad desde enero, fallecieron tras consumir los alimentos”.
Sin lugar a dudas, la reseña corresponde a un acto de heroicidad sin precedentes en la vida real. Se percibe como tal, por la intensa e indignada reacción de una humilde vendutera a recurrentes abusos perpetrados por antisociales, cuyas capacidades para infundir terror también carecen de precedentes. Con justa razón el sentido común la cubre de heroicidad.
La presente entrega otorga carácter premonitorio la heroica. ¿Por qué? Porque evidencia que hay simples maneras de provocar daños colosales.
Toda heroicidad es gratificante para el sentido común; por consiguiente, una aparente contradicción aflora entre la acción y el calificativo.
¿Para quién es premonitoria la acción de referencia?
El lector(a) de ésta que infiera alertamos sobre eventos generadores de miedo, pánico, terror o cualesquier otros estados de turbación, no está equivocado; porque el calificativo escogido es explícito, objetivo y contextualizado respecto al potencial riesgo para la población dominicana convivir entre conglomerados de valores y costumbres divergentes a los suyos.
La trágica realidad que vive Haití es creciente amenaza para nuestro país. Cabe destacar, que aun para las Naciones Unidas y otras voluntades internacionales el manejo de ese conglomerado ha resultado imposible; y pensar, que la generosidad, irresponsabilidad y petulancia de
organismos internacionales, fuentes bibliográficas y medios informativos siguen llamando nación a la parte occidental de la isla.
Hace décadas machete, pólvora y terror imponen su ley en ese conglomerado. Ultra-criminales hordas agrupadas en federaciones asesinan a mansalva. No tienen límites, escrúpulos ni moral. Simplemente son criminales fuera de ley.
Las atrocidades de esas hordas generalizan el caos por doquier: personas físicas y morales, públicas y privadas; iglesias, centros hospitalarios y mercados; comunidades campesinas y urbanas, niños y adultos, otros.
Es contra ese inconcebible grado de crueldad que tenemos que cuidar y prevenir a nuestra población. Quienes protagonizan tan crueles actos son hijos legítimos y muy orgullosos de quienes en los albores del siglo XIX y posteriormente mancillaron nuestro suelo, cercenaron a cientos, enmudecieron nuestro idioma, contaminaron nuestra fe y suprimieron libertades.
Es necesario y pertinente tener ojos avizores, el peligro asecha y está a la puerta; y esa etnia que nos asecha tiene hacia nosotros la misma actitud que sus antepasados.
Por lo expresado:
- Conocer, que las hordas de la parte occidental son genéticamente diabólicas.
- Tener muy presente, que en la parte occidental es dogma transmitido de generación en generación, que la isla les pertenece, es única y es indivisible.
- Saber, que su crueldad supera a la impuesta en Francia por Maximiliano Robespierre, durante su sangrienta Revolución.
- Nunca olvidar, a quien arrebatamos el legítimo derecho de ser nación soberana.









