Ciertamente yo pagué para ser peledeísta. Lo digo hoy en voz alta, sin vergüenza y con la frente en alto, en un tiempo en donde decir que fuiste peledeísta casi hay que susurrarlo. Yo sí pagué.
Pagué mi cuota mensual, religiosamente de mi sueldo de estudiante pobre. Pagué el local de la calle Pedro Manuel Hungría, en La Joya, Santiago de los Caballeros. Pagué la luz, pagué el agua, pagué a la conserje y a la secretaria. Pagué mi ejemplar de Vanguardia del Pueblo y pagué los que tenía que salir a vender en la calle, bajo el sol de Santiago, para aprender a perder la timidez.
Pagué con tiempo. Con madrugadas estudiando a Bosch. Con noches enteras discutiendo qué era la burguesía y por qué el Pentagonismo había sustituido al imperialismo. Pagué con humillaciones, porque para ser Miembro había que dejarse evaluar el alma, la vida pública y la privada.
Y si quería una gorra con la estrella amarilla, la compraba. Si quería una boina, la compraba. Si quería una insignia cualquiera del PLD, la compraba. Nada era regalado.
Por eso me duele tanto lo que vino después.
Porque un día, un Congreso que llevaba paradójicamente el nombre del Profesor Juan Bosch, decidimos que ya no había que pagar. Que ya no había que estudiar. Que ya no había que evaluar. Que ya no eran necesarios los Círculos de Estudios para educar.
Que bastaba con solo inscribirse, con aplaudir, con hacer bulto.
Cambiamos la cuota por la botella. Cambiamos el folleto por el formulario. Cambiamos el Círculo de Estudios por la nómina.
Y nos hicimos grandes en números y pequeños en ideas. Nos hicimos multitud y dejamos de ser vanguardia. Llenamos el padrón de nombres y vaciamos el partido de hombres.
Yo no reniego ni renegaré jamás del PLD. El PLD me hizo. Me dio método, me dio disciplina, me dio un lenguaje para entender a mi país, desde Mella, Municipio de Independencia hasta el Congreso Nacional. Pero tengo que decir la verdad, aunque duela, porque a mí también me engañaron.
Me engañaron cuando me hicieron creer que para ganar elecciones había que dejar de ser escuela. MENTIRA. Fue al revés: por dejar de ser escuela, terminamos perdiendo las elecciones y perdiéndonos a nosotros mismos.
Este artículo no es para ajustar cuentas. Es solo un fragmento del IV capítulo de mi libro: A MI TAMBIEN ME ENGAÑARON, ¿Y A TI?, solo para hacer memoria. Para que mis hijos, para que los hijos de mis hijos, para que los 47 muchachos hoy ya hombres viejos que nos juntamos desde todo el país en 1986, en la universidad del programa ISA-PUCMM y sus hijos y nietos, que soñamos con un país distinto, sepan que hubo una vez un partido donde para entrar había que pagar, y donde el que pagaba, aprendía que la política no era un negocio, sino una vocación sagrada.
Yo pagué para ser peledeísta. Y volvería a pagar.
POEMA: HAY UN PAIS EN EL CÍRTCULO
Al estilo de Pedro Mir, para el PLD de antes.
Hay un país en el Círculo, un país que no repartía. Un país que cobraba cuotas para enseñar a pensar.
Hay un país en la Joya, en una calle llamada Pedro Manuel Hungría # 16, donde 15 muchachos pobres aprendimos a ser eternos.
No había botellas. Había folletos.
No había yipetas. Había Vanguardia del Pueblo bajo el brazo y el orgullo en la frente
Ese país no gritaba. Estudiaba.
Ese país no pedía. Cotizaba.
Y cuando le quitaron el local, cuando le borraron el Círculo, el país se quedó sin escuela y el partido se quedó sin país.










