Por: Luis Córdova
Antes, cuando se usaban los chistes, se narraban situaciones con “abre el telón, cierra el telón”… al final la pregunta de cómo se llamaba la obra y la repuesta, por curiosa o ridícula, arrebataba risas.
Como apasionado del teatro, nos permitimos ver las audiencias de los casos más sonados con menos asombro; es como quien mirar, desde el confort de una butaca imaginada, la puesta en escena del “teatro de los absurdo”: tramas que parecen carecer de sentido, parlamentos repetitivos en propensión hacia lo onírico.
El reparto se fue achicando: de 14 a 6. Final y sorpresivamente, los dos que quedan solos se miran entre ellos, tristes pero esperanzados, sabedores de que su actuación será aplaudida, aunque el público no sepa cómo se llama la obra.







