Injusto y desconsiderado el trato que recibe el sacerdote Nino Ramos de parte de un sector del PRM en Santiago.
Son de los cambios difícil de comprender y que erosionan la credibilidad y la confianza de la dirigencia política.
Desde la oposición aplaudían las luchas sociales del padre Nino, ahora en el poder intentan descalificarlas hasta con insultos.
Ya no se repara ni siquiera en esfuerzos por maltratar personalmente al sacerdote Ramos, quien mantiene una ejemplar serenidad y paciencia.
En los medios de comunicación, el PRM apuntaló reclamos sociales de muchos de esos religiosos para sacar ventajas electorales.
Ahora el discurso cambió: esa defensa y aplausos al padre Ramos eran cuando se estaba en la oposición.
Nino sigue con coherencia en sus exigencias de años a los gobiernos, los que cambiaron fueron los que ayer lo encumbraban.
Usted puede estar de acuerdo o no con el sacerdote Ramos, pero nunca se puede llegar al irrespeto y la desconsideración.
Por suerte, Nino es un hombre con una recia formación y sabe que esos son vaivenes de la política vernácula.
Se irritan ahora con las luchas sociales de esos sacerdotes, pero pierden su tiempo porque esas no son brisas que tumban cocos.
Penoso que cada día luzcan más radicales en contra de Nino Ramos.









