Conozco muy bien las responsabilidades que asumen la mayoría de diputados en sus circunscripciones electorales.
Por eso nunca me he opuesto al vilipendiado barrilito (Fondo de Gestión Social o Legislativa).
Fui, incluso, un crítico de la decisión del exsenador por Santiago (2020-2024), Eduardo Estrella, de no recibir los fondos de asistencia social.
El diputado Robinson Díaz (PRM-Santiago) me encaró hace unos días por el asunto del criticado barrilito.
Creo que lo hizo aparentemente confundido con mi opinión en relación a las asignaciones que tienen los diputados.
Me detalló cada ingreso que tiene un legislador actualmente y hacia dónde van sus gastos como representante de la Circunscripción Uno.
Mis críticas recientes no son al barrilito, sino al cambio de opinión de muchos voceros del PRM y miembros de la denominada sociedad civil.
Eran duros, frontales, incisivos y rabiosos en contra del barrilito, ahora en el poder hacen silencio y miran para otro lado.
Yo, en cambio, he sido un defensor del barrilito sin importar el criterio de que fomenta el clientelismo político.
Al parecer la confusión vino porque recientemente el gobierno propuso un plan de austeridad que finalmente dejó sin efecto.
Dije en mi programa de televisión: que eliminen el barrilito de los diputados y senadores que tanto criticaban.
De todas formas, el debate respetuoso y las contradicciones entre el diputado Robinson Díaz y yo es algo que no nos distancia.
Mantengo mi opinión a favor del famoso barrilito.










