
Podríamos, en nuestras cavilaciones, interpretar la problemática actual arancelaria, explicándola como estrategia multilateral para la negociación de tarifas.
Tomando como fundamento lo afirmado por el premio Nobel de Economía Paul Samuelson en su libro Curso de economía moderna, en la pág. 763: «Arancel de represalia… Para asegurarse de que comprende por qué razón nos perjudica tanto a nosotros como al extranjero el establecimiento de aranceles, el lector deberá apreciar que se obtiene la ventaja cuádruple cuando un tratado de comercio consigue obtener una reducción recíproca entre otro país y el propio».
En efecto, la reducción de tarifa de otro país beneficia 1) a este país, 2) al nuestro y, por añadidura, nuestra reducción arancelaria hace ganar nuevamente a aquel país y al nuestro propio.
Por tanto, el único sentido posible del argumento de que debemos aplicar represalias cuando un país eleva sus aranceles es que nuestra amenaza de represalias pueda disuadirle de elevar sus tarifas y que nuestras promesas de reducirlas puedan disuadirle a reducir la suya.
Esto justificaría que aprobasemos algún arancel ocasional como treta; pero si tales amagos no causasen una reducción de las tarifas extranjeras, habríamos de abandonarlos.
Pero los más realistas estudiosos de las ciencias políticas creen, por sus estudios de la historia, que las represalias arancelarias generalmente hacen subir las tarifas de los otros países aún más, y raramente proporcionan un arma eficaz en la negociación de la reducción multilateral de tarifas».









