Por: Luis Córdova
Entonces, así como en el escenario, aparece sin esperarlo la estrella del espectáculo. Aplausos, cámaras, sonrisas (es un cliché decir que son fingidas), el suspiro de alguna dama y lo fatuo como telar de fondo.
Una cosa es la alegría y otra la chercha. Peligrosa confusión. El poder nunca se banaliza, dice el librito.
Quizás en el barrio alguien sepa leer mejor esas líneas que algunos aspiran a conocer.







