Santiago de los Caballeros.- En cada inicio de año escolar, la nostalgia y la preocupación se apodera de muchos padres de niños con condiciones neurodivergentes, ante la escasez de centros educativos adecuados para garantizar su desarrollo académico.
En el sector público, Santiago apenas cuenta con dos escuelas que poseen áreas para atender a estos estudiantes, con cupos limitados y largas listas de espera. Además, persiste la problemática de que en dichas instituciones maestros regulares asumen funciones de psicólogos, debido a que el Ministerio de Educación exige que sean docentes, ignorando a decenas de psicólogos escolares certificados con habilitación docente.
En el ámbito privado, los centros que se promocionan como inclusivos suelen tener costos elevados, inalcanzables para muchas familias, mientras que los más económicos ponen trabas que a menudo terminan en rechazar al menor de edad. A esto se suma que los programas de rehabilitación no aceptan a niños y adolescentes sin aparentes discapacidades físicas, dejando fuera a quienes tienen necesidades exclusivamente cognitivas o conductuales.
Entre la falta de escuelas especiales, las altas tarifas de los centros privados y rehabilitación, los padres en estos tiempos siempre sienten nostalgia e impotencia.









