Por: Juan Bonilla
La emotividad no debería tener espacio en el manejo de «la crisis haitiana». Un asunto grave que amerita de serenidad y prudencia para evitar un conflicto innecesario entre los dos países.
Una decisión desproporcionada puede hacer añicos los atinados esfuerzos que realiza el país para que la comunidad internacional intervenga en la solución del «problema haitiano».
El planteamiento sobre «desarmar la población haitiana», el manejo de las visas de los estudiantes haitianos y la decisión sobre el ingreso de indocumentados a los hospitales, obliga a llamar a la ecuanimidad.
En vez de confrontación, se necesita unidad entre ambas naciones. Es urgente la serenidad y la prudencia en los pronunciamientos y las decisiones.







