Los obsequios navideños que hacen los políticos, una canasta, una caja de comida, un vino, un bono, un pavo o cualquier otro regalo, son actualmente «una arma de doble filo» porque aparenta que son más los insatisfechos.
En un diciembre en el que se acercan dos procesos electorales, municipales en febrero y congresuales y presidenciales en mayo, las presiones para los políticos-candidatos son mayores y muchos tienen hasta que esconderse.
Ya no se trata de que los políticos hacen obsequios sino de que militantes, simpatizantes, amigos y familiares los someten a «insoportables presiones» en estos días para que les hagan regalos.
Ni siquiera estando en el gobierno, que sin dudas las posibilidades son amplias, se resiste lo que está ocurriendo con el tema de los regalos navideños.
Lo extraño es que dirigentes de partidos de oposición cometen el error de «hacer lo mismo» que los que desempeñan cargos públicos. Aunque traten de hacerlo moderadamente, se meten en competencia desigual.
Un alcalde, un senador, un diputado y hasta un regidor que esté aspirando a la reelección está sometido a un verdadero asedio en estos días.
El asunto es que el regalo navideño ya no es un asunto voluntario del dirigente-candidato sino «una exigencia» del militante y del simpatizante del partido.
La dificultad es que no hay posibilidad de que un dirigente político pueda satisfacer «a todos» los que reclaman regalos navideños porque existe un desbordamiento de las exigencias de obsequios.
El «pedir» en estos días, sin embargo, no se limita ya a los militantes y simpatizantes de los partidos políticos sino que hasta en los medios de comunicación existen «presiones» para que funcionarios y candidatos envíen regalos navideños.
El clientelismo (asistencialismo), sin dudas, arropa la actividad política del país y los dirigentes están cada día más atrapados en esa «arma de doble filo».







