A raíz de la lamentable agresión sufrida por el reconocido reportero de Santiago, Erasmo Ventura, presuntamente a manos de supuestos comunicadores, es momento de hacer una profunda reflexión sobre la situación actual del ejercicio del periodismo en nuestra ciudad.
Este incidente no es un hecho aislado. Desde hace tiempo, diversos gremios de la comunicación han venido denunciando las malas prácticas de individuos que, sin formación ni ética profesional, se hacen pasar por reporteros. Incluso empresarios, funcionarios y organizadores de eventos han sido víctimas de manipulaciones y chantajes, en muchos casos ejercidos por personas que se “enganchan a camarógrafos” sin tener la más mínima preparación para ejercer esta labor tan delicada.
Es urgente que tanto los productores como las plantas televisoras asuman la responsabilidad de investigar y verificar a quiénes se les otorga el privilegio de representar sus espacios. No todo debe girar en torno al ahorro de costos; la calidad y la credibilidad están en juego.
Si bien los gremios no tienen facultad para prohibir a alguien ejercer este oficio, sí pueden —en conjunto con medios y productores— iniciar un proceso serio de depuración. La comunicación merece respeto, y Santiago no puede seguir permitiendo que su imagen y su prensa sigan manchadas por acciones como estas.









