En Santiago más de 50 dirigentes aspiran a las dos presidencias y a las dos secretarías generales del PRM.
Alrededor de 25 quieren reemplazar a Andrés Cueto en la presidencia del municipio cabecera de la provincia.
¿Qué hacer con un desbordamiento de aspiraciones de esa magnitud? Hasta el consenso se haría difícil.
Unos doce dirigentes buscan desplazar a Rosa Santos de la presidencia provincial, algo inaudito en un partido en el poder.
La competencia democrática interna es indudablemente positiva, pero lo del PRM en Santiago aparenta excesivo.
¿No sería caótico realizan una convención si únicamente a 4 cargos directivos aspiran más de 50 dirigentes?
La Comisión Ejecutiva Nacional (CEN) tendrá la última palabra, pero ya cualquier decisión causaría disgustos internos.
Percibo que fue un error inscribir a los aspirantes a cada posición, porque ahora son oficialmente candidatos.
Se supone que lo primero debió ser la decisión de la CEN: ¿convención, acuerdos o consensos?
Es una peligrosa encrucijada la que tiene el partido de gobierno en plazas políticas como Santiago.
Las aspiraciones son legítimas, pero lo del PRM es una exageración.









