Soy de los que consideran que el Concejo de Regidores del Ayuntamiento de Santiago ha convertido las declaratorias de Hijo Distinguido e Hijo Adoptivo de la ciudad en una práctica excesivamente frecuente. En los últimos años hemos visto cómo estas distinciones son otorgadas con tal regularidad que han perdido parte de su valor simbólico, generando en muchos ciudadanos una pregunta legítima: ¿cuáles son realmente los méritos que justifican esos reconocimientos?
Sin embargo, hay ocasiones en las que las decisiones del cabildo merecen ser resaltadas y aplaudidas. Una de ellas es la reciente declaratoria de la periodista Grisbel Medina como Hija Adoptiva del municipio de Santiago.
La distinción fue aprobada mediante la resolución número 3506-26, durante una sesión ordinaria del Concejo Municipal, conforme al acta número 04-26. La iniciativa, presentada por el regidor Alexander Germoso, recibió el respaldo unánime de los miembros del organismo, un hecho que evidencia el consenso alrededor de los méritos de la comunicadora.
A diferencia de otros reconocimientos que han generado debates y cuestionamientos, el caso de Grisbel Medina parece reunir los elementos que justifican plenamente una distinción de esta naturaleza. Durante décadas ha construido una carrera marcada por la seriedad profesional, la preparación constante, la ética, la honestidad y el compromiso con el ejercicio responsable del periodismo.
Su trayectoria no solo se ha limitado a informar. También ha contribuido a la formación de nuevas generaciones de comunicadores, al fortalecimiento de espacios de análisis y opinión, y a la promoción de un periodismo basado en la credibilidad y el servicio a la sociedad. En una época en la que la desinformación y la superficialidad amenazan la calidad del debate público, figuras como Grisbel Medina representan una referencia de profesionalismo y responsabilidad.
Por eso, cuando un reconocimiento recae sobre una persona cuya hoja de vida habla por sí sola, la ciudadanía no cuestiona la decisión; por el contrario, la respalda. Porque los homenajes públicos tienen sentido cuando distinguen a quienes realmente han dejado una huella positiva en la comunidad.
Ojalá este reconocimiento sirva también como reflexión para las autoridades municipales. Las declaratorias de Hijo Distinguido e Hijo Adoptivo deben seguir existiendo, pero con criterios cada vez más rigurosos, para que continúen siendo un verdadero honor y no una simple formalidad política. Cuando se otorgan a personas como Grisbel Medina, estas distinciones recuperan el prestigio y la relevancia que nunca debieron perder.









