Tras 95 años de estigmatización y prejuicio contra los consumidores, Canadá puso fin a la prohibición de la planta de cannabis. Fue una de las consignas de campaña electoral del actual primer ministro Justin Trudeau y cumplió: desde este miércoles 17 de octubre, después de haber sido aprobada en el Parlamento, los ciudadanos del país norteamericano ya pueden consumir, cultivar y comprar libremente marihuana para cualquiera de sus usos. Comienza una nueva era que será observada en todo el mundo.
Canadá es el segundo país que toma esta decisión paradigmática –después de la regularización del cannabis que llevó a cabo Uruguay a partir de diciembre de 2013– y el primero del grupo de potencias conocido como G20. Queda atrás casi un siglo de vía libre para el negocio narco, al menos con esta planta. Y comienza un nuevo período cultural y social.
«Obviamente, el enfoque actual -la prohibición- no ha funcionado para proteger a nuestros niños, para mantener el dinero fuera de los bolsillos del crimen organizadoy es por eso que estamos trayendo un nuevo marco legalizado en torno a la marihuana», dijo Justin Trudeau, nacido en Ottawa hace 46 años.
Canadá legalizó el uso medicinal de la planta en 2001. Y fue en serio. En Vancouver, considerada el epicentro de la cutura cannábica del país, hay más de 100 dispensarios de marihuana. Cualquier persona puede ir con una receta médica oficial y llevarse alguna de las decenas de variedades de flores o cremas o aceites que se producen y venden.
Esos comercios, ahora deberán regularizar su estatus a las nuevas reglas. Este miércoles fue Trending Topic (TT) en la red social Twitter uno de estos locales cannábicos por ser el único de toda la región británica que por el momento tiene los papeles en orden.
Con el paso de los años la sociedad canadiense estableció una relación con el cannabis mucho más desprejuiciada que en los países donde aún está prohibida. Es un Estado pionero. En 2015, los canadienses consumieron unos 4.800 millones de dólares estadounidenses en marihuana, una cifra muy similar al gasto en vino. Según un informe de la Agencia Federal de Estadísticas, 4,9 millones de personas consumieron 698 toneladas métricas de cannabis durante ese año.
Puede interpretarse que la búsqueda de Trudeau también tiene que ver con establecer parámetros más claros -y castigos más duros- para los usuarios adultos y comerciantes oficiales de cannabis. En sus 152 páginas, la ley activa desde hoy fija nuevas normas y amplía el marco de protección y derecho, pero también el de vigilancia estatal.
Desde ahora, cada ciudadano canadiense mayor de 18 años puede comprar en locales públicos o privados -de acuerdo a la regulación de las provincias- habilitados como quien se lleva chocolates o caramelos de un kiosco.
La legislación permite la tenencia de hasta 30 gramos por persona de marihuana «seca», es decir, ya cosechada y curada. Para los usuarios de algunas de las provincias o municipios que no tienen todavía regulado el mercado minorista se estableció la posibilidad de comprar online cogollos (flores), semillas o plantines a empresas que estén en otra región donde sí lo tengan.
Sin embargo, fumar en lugares públicos va a tener las mismas restricciones que tiene el tabaco, cuyo consumo está vedado prácticamente en todos lados, excepto en los hogares.
Canadá legalizó además el autocultivo. En menos de un mes, en cada hogar se podrán sembrar y cosechar hasta cuatro plantas por ciclo para uso personal. Es similar a lo que estableció Uruguay, solo que en el país sudamericano están permitidas hasta seis plantas y el Estado obliga a los cultivadores a formar parte de un registro (al 18 de septiembre tenía 6.727 inscriptos).









