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Las venideras elecciones del Consejo para el Desarrollo Estratégico de Santiago (CDES), han puesto de manifiesto una creciente lucha entre diversos sectores sociales, empresariales y políticos que ven en esta institución un instrumento clave para definir el rumbo de la ciudad. Más allá de un simple proceso de renovación de autoridades, el escenario electoral del CDES ha reflejado tensiones profundas sobre la visión de desarrollo urbano, el papel de las élites locales y el acceso al poder en uno de los municipios más importantes de la República Dominicana.
Desde su fundación, el CDES ha desempeñado un papel fundamental en la planificación y coordinación de proyectos para el desarrollo sostenible de Santiago.
Su estructura multisectorial—que reúne representantes del sector público, la empresa privada, la sociedad civil y el sector académico—lo convierte en una entidad influyente en temas como la gestión urbana, la movilidad, el medioambiente y el desarrollo económico.
Debido a esta capacidad de influencia, la dirección del CDES es altamente codiciada. Controlar sus órganos de decisión implica incidir en las prioridades de inversión, en las relaciones institucionales y en los grandes proyectos que transforman el futuro de la ciudad.
Las elecciones convocadas para el próximo jueves 29 de mayo a las 5:00 de la tarde en el Edificio Empresarial, están siendo marcadas por diferentes estrategias. Sectores empresariales buscando acuerdos con agrupaciones comunitarias, partidos políticos intentando ejercer presión desde los márgenes del proceso, a pesar de que el CDES es, formalmente, una entidad no partidista.
El CDES representa una plataforma para construir poder local, posicionar liderazgos emergentes y proyectar influencia más allá del ámbito municipal.
Lo que está en juego en estas elecciones del CDES no es solo la presidencia de una institución, sino la definición del modelo de ciudad que Santiago quiere para los próximos años. La lucha de poderes actual pone a prueba la madurez democrática de los actores locales y su capacidad para anteponer el interés colectivo por encima de las agendas particulares.








